La ofrenda del Braman

I

Yo era un bramán conocedor del Veda;
Yo me vestía mi ropón de seda,
Y el concurso de santos y de sabios
Oía, cual rumor de la arboleda,
Toda la inspiración, la ciencia toda,
Manar, al escaparse de mis labios,
Los versos de Valmiki, en la pagoda.
Yo congelaba el iris,
Y al rayar de la aurora,
Las nieves eminentes
De los Dawelaguiris,
Nimbadas de fulgores refulgentes,
Que hería un soplo de oración sonora,
Eran tímpanos cándidos de rimas,
Rapsodias profundísimas y extrañas,
Con que daban a Brama, las montañas,
Gracias por las edades de sus cimas.

II

Oyendo mis cantares y refranes,
Acatando mi fe y sabiduría,
En premio dispusieron cierto día,
Ofrendarme una virgen los bramanes.
Y eras tú, Egandyra enamorada,
De dulce y triste y lánguida mirada;
Tan atractiva y pálida belleza,
Que toda la India te juzgó al extremo
De un esfuerzo supremo
Del arte de la Gran Naturaleza.
Y eras mía. Y en medio de oraciones,
Mago solemne, pensador agreste,
Hice las misteriosas abluciones
Y desceñí tu inmaculada veste;
Y entonces con ternura
Di un beso a tu cintura
Fácil cual junco, y adorable y grata,
Y se enroscó a las formas de tu talle
Un deslumbrante cinturón de plata.

III

Cual fuente que desbordaba de su lecho,
Como hebras del tejido de la noche,
Formaban manto misterioso y vago
Tus cabellos rodando por tu pecho
Con inocente y con sensual halago.
Y en el cuello de nieve, casto y bello,
Donoso cual de blanca cervatillo,
Posé el labio, apartándote el cabello,
Y entonces, luminosa gargantilla
Cual sierpe de oro se anudó a tu cuello.

IV

Nevada e inocente,
Cual la espuma más alba de la playa,
Admiré la blancura de tu frente,
Pura como el carámbano
Que corona la sien del Himalaya.
Allí mi labio, que amoroso quema,
Dio un beso ingenuo cual la luz del día,
Y cuajada de lumbre y pedrería
Engarzase a tu frente una diadema.

V

Te alzó en mis brazos mi efusión sencilla,
Y con el más sagrado de los goces,
Doblé ante los altares la rodilla,
Y pura, así, te devolví a los dioses.

 

– Francisco Gavidia

Mariposa de otoño.

La mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.

Se va la mano que te induce.
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

– Pablo Neruda

ZDENA

Como Antígona eres, o quizás no,
quizás es sólo una manera pomposa de limitarte.
En todo caso, como las mujeres de Hemingway,
más propia para novia de un piloto
de Air France.

¿Qué haces, pues junto al pobre poeta
de quien ni siquiera eres el –gran-amor-de-la-vida,
a quien realmente no conoces,
aunque debes haber oído decir
que sienta bien su compañía?

Él podría decirte que desnuda lo asustas,
que antes de poseerte precisa preguntarse, como Manuel Galich:
“¿Esto es lo mío?”
Y que sólo te ama
cuando la voz burlona de su Dios le dice:
“Sí, anda, tonto.”

Él es quien considera que Lalraux
es hoy un escritor de segundo orden,
que Sartre no está mal
y que Durrel se marchitó en manos de los agentes enemigos.

Y, olvídate,
el poeta jamás te comprará collares:
te romperá muchas medias, eso sí,
te obligará a gastar la ropa que menos te gusta
y hasta te insultará y te golpeará
y te obligará luego a ayudarlo
con el remordimiento.

Ay, muchacha,
de seguro que tú eras para otro,
en alguna parte alguien cometió un error estupendo:
el poeta no tiene más remedio
que rendirse a la felicidad,
llamarte (por no dejar) “mi bestia espléndida”
e incorporarte a su dolorosa cultura,
como los pajarracos de la noche abren su nido
al ave del paraíso.

 

Roque Dalton

Canciones sobre el cálculo diferencial e integral.

Mientras estudiaba para una evaluación de cálculo, me encontré con un post muy interesante sobre criterios para usar la integración por partes. Resulta que un par de minutos después estaba en youtube escuchando unas canciones muy graciosas, con letras muy creativas. Todas ellas son parodias de canciones populares. Todas, también, relacionadas al cálculo. Sin mas que añadir, aquí van:

1. I integrate by parts

2. Calculus Rhapsody

3. I will derive

Interesantes, ¿no? te ayuda a darte cuenta de que la gran mayoría de estudiantes de cálculo comparten las mismas preocupaciones, mas no todos le encuentran el lado gracioso.

Resultados salvadoreños en la XVI Olimpiada Matemática de Centroamérica y el Caribe 2014

Salvamate

Me enorgullece informar a mis lectores sobre los resultados de El Salvador en la  XV Olimpiada Matemática de Centroamérica y el Caribe, que acaba de ser celebrada en San José (Costa Rica) del 6 al 14 de junio de 2014. Resumo a continuación los datos más importantes:

Carlos Rafael Gil Alvarado: Medalla de plata
Gabriel Emiliano Carranza Menjívar: Medalla de plata
Carlos Ariel Piche Cruz: Mención honorífica

Puntaje por equipo: 87 (máximo 126)

Ranking: 2 (empate con Colombia; 12 países participantes)

Las responsabilidades de líder y tutor recayeron respectivamente en el Lic. Mario Ruiz  y Byron Thonatiu Escobar Benítez, ambos pertenecientes a la Escuela de Matemática de la Universidad de El Salvador.

[Estimados lectores: Pueden consultar los enunciados de los problemas en los enlaces a continuación. Me disculpo por la mala calidad de las imágenes; espero reemplazarlas dentro de poco por los archivos originales. -G.]

Examen día 1
Examen…

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El Budismo

Con aquel amigo que era budista (yo no estoy seguro de ser cristiano y estoy seguro de no ser budista) yo discutía y le decía: “¿Por qué no creer en el príncipe Siddharta, que nació en Kapilovastu quinientos años antes de la era cristiana?” Él me respondía: “Porque no tiene ninguna importancia; lo importante es creer en la Doctrina”. Agregó, creo que con más ingenio que verdad, que creer en la existencia histórica del Buddha o interesarse en ella seria algo así como confundir el estudio de las matemáticas con la biografía de Pitágoras o Newton. Uno de los temas de meditación que tienen los monjes en los monasterios de la China y el Japón, es dudar de la existencia del Buddha. Es una de las dudas que deben imponerse para llegar a la verdad

Jorge Luis Borges

MI BESO

Cuando dices: “¡Sagatara!”,
la comisura de tu boca
es como la punta aguda
de tu propio corazón.
Se estremece llamando mis labios.
Es como un pececito de rubí.

Cuando te beso
siento las mil y una
raíces finas del árbol del fuego
serpenteando por todo mi cuerpo.
Me reclino en tí y ahondo mi beso.
Tú estás, cerrados los ojos y abandonada
y súbitamente muerdes mi labio inferior
para detener mi beso
pero no puedes
te traspasa de parte a parte
como una espada
de oro flamígero.

Salarrue

La Mamadre

Imagen

La mamadre viene por ahí,
con zuecos de madera. Anoche
sopló el viento del polo, se rompieron
los tejados, se cayeron
los muros y los puentes,
aulló la noche entera con sus pumas,
y ahora, en la mañana
de sol helado, llega
mi mamadre, doña
Trinidad Marverde,
dulce como la tímida frescura
del sol en las regiones tempestuosas,
lamparita
menuda y apagándose,
encendiéndose
para que todos vean el camino.

Oh dulce mamadre
—nunca pude
decir madrastra—,
ahora
mi boca tiembla para definirte,
porque apenas
abrí el entendimiento
vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro,
la santidad más útil:
la del agua y la harina,
y eso fuiste: la vida te hizo pan
y allí te consumimos,
invierno largo a invierno desolado
con las goteras dentro
de la casa
y tu humildad ubicua
desgranando
el áspero
cereal de la pobreza
como si hubieras ido
repartiendo
un río de diamantes.

Ay mamá, ¿cómo pude
vivir sin recordarte
cada minuto mío?
No es posible. Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas
dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, planchó, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

Pablo Neruda